

Pues estamos en Doha de escala hacia Madrid.
Se quedan muchas cosas y detalles sin contar. Sobre todo reflexiones de la manera de ser china. Escribir en el móvil a través de correo electrónico no lo hace apetecible.
Pero sirva de ejemplo aquella vez que entra unos servicios públicos dispuestos de letrinas turcas sin mamparas de separación. Letrinas como las de aquel bar a las espaldas de la catedral de Jaén que reconvirtieron en placita de naranjos bajos. El sanatorio creo que se llamaba.
Bueno, pues una fila de sanitarios de esos que a ras de suelo sólo marcan un agujero donde atinar y unas huellas donde posicionar los pies.
Pues una hilera de ellos, un chino enmedio en posición de combate. Yo que me esperaba una puerta previa o algo hice gesto de "uy perdón, que no había donde llamar". El chinorri, lejos de incomodarse me invitó a tomar posición en la letrina adyacente, no sé yo si con idea de coger nos de la mano y en el apretón sostenernos el equilibrio mutuamente.
El caso es que yo, que lo mío era micción, aborté cualquier posible continuación y volví sobre mis pasos.
Anécdotas como ésta a docenas. Ellos tiene todo lo de expulsar como muy natural. Olvidaos de la intimidad y de la dignidad en China.
En cambio aquí en Qatar es todo una pasada. Hay personal limpiando sobre lo limpio constantemente. Conocido es el tío de la mopa, que no limpia sino que pasea el polvo de un lado a otro. Esto está impoluto.
En principio llego a Madrid a las 15h. Luego recoger maletas, aduana, cercanías y ave a Córdoba, la llana y bella.
Enviado de Samsung Mobile