Érase una vez una persona enamorada de los gatos que no sabia abandonar a ninguno y he te aquí que se le ocurrió montarles una gran jaula, tan grande tan grande que no parecía tal.
Viéndolos tan apacibles pensó en compartir su acariciar y ronroneo con los demás, habitualmente estresados. Para ello ideó un café dentro de la jaula.
Y allí llegaron gentes de todos sitios a tomarse un café pero sobre todo, a acariciar el tiempo suave en el pelaje de los felinos.
Dedicado a Olivia, de su pasión por los gatos ya puede hacer negocio.

